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Email Marketing

Tu newsletter no necesita ser más larga. Necesita ir al grano.

Hoy he enviado una newsletter y me ha vuelto a recordar algo que muchas veces olvidamos cuando hacemos marketing:

nos encanta explicar demasiado.

Queremos poner contexto.

Presentarnos.

Explicar por qué escribimos.

Contar todos los beneficios.

Añadir una introducción bonita.

Otra frase para generar confianza.

Y cuando por fin llegamos a lo que queríamos decir…

el lector ya se ha ido. 😂

Hoy decidí hacer prácticamente lo contrario.

Ir al grano.

Y la respuesta me ha hecho pensar que quizá deberíamos hacerlo bastante más a menudo.

Más de 800 personas habían abierto el email anterior

Partíamos de una situación bastante curiosa.

Habíamos enviado anteriormente una comunicación y más de 800 personas la habían abierto.

Es decir:

había interés.

Habían visto el mensaje.

Habían dedicado unos segundos a abrirlo.

Pero abrir un email no significa necesariamente hacer lo que queremos que hagan después.

Y ahí está una diferencia que me parece importantísima.

Una apertura no es una conversión.

Puedes tener un porcentaje de apertura fantástico y que después no pase absolutamente nada.

Así que esta vez pensé:

¿Y si dejamos de intentar contar tantas cosas y simplemente hacemos que el siguiente paso sea imposible de no entender?

Un email. Una idea. Una acción.

Eso es prácticamente lo que hicimos.

Sin una introducción eterna.

Sin cuatro bloques explicando lo maravillosa que era la propuesta.

Sin diez botones diferentes.

Había algo que queríamos que hiciera la persona que abría el correo.

Una cosa.

Y todo el email estaba construido alrededor de ella.

Parece una tontería, pero abre tu última newsletter y hazte esta pregunta:

¿Qué quiero exactamente que haga la persona después de leer esto?

¿Comprar?

¿Reservar?

¿Apuntarse?

¿Descargar algo?

¿Responder?

¿Visitar una página?

Porque si tú no puedes responderlo en dos segundos, imagina la persona que acaba de abrir tu correo mientras está desayunando, trabajando o esperando el metro.

Tenemos muy pocos segundos

El asunto que utilizamos hoy iba precisamente por ahí:

“Si tardas más de 10 segundos en responder, abre este email.”

No intentaba explicarlo todo.

Intentaba conseguir una cosa:

que quisieras saber qué había dentro.

Y una vez dentro, tampoco podíamos traicionar esa promesa metiendo un Quijote.

Si te he dicho que necesito diez segundos de tu atención, tengo que respetarlos.

Esto me parece aplicable a muchísimo más que una newsletter.

Una web.

Un Reel.

Un anuncio.

Una ficha de Google.

Una landing.

Incluso un WhatsApp comercial.

Muchas veces no tenemos un problema de falta de información.

Tenemos un problema de exceso de información.

Escribir menos cuesta bastante más

Esto también lo estoy comprobando continuamente.

Hacer un email de 700 palabras es relativamente sencillo.

Hacer uno de 100 que consiga transmitir exactamente lo que quieres…

cuesta bastante más.

Porque tienes que decidir qué sobra.

Y duele. 😂

Esa frase que te encanta pero no aporta nada: fuera.

Ese párrafo explicando algo que el cliente ya sabe: fuera.

Ese segundo botón “por si acaso”: probablemente fuera.

Ese “somos una empresa líder con años de experiencia ofreciendo soluciones personalizadas”…

Bueno, ese directamente lo podemos mandar bastante lejos. 😂

Ir al grano no significa escribir mal.

Significa respetar el tiempo de quien está al otro lado.

El clic importa más que el discurso

Hay otra cosa que me llevo de la experiencia de hoy.

Cuando hacemos una newsletter podemos obsesionarnos con que quede preciosa.

Diseño.

Cabecera.

Fotografías.

Iconos.

Colores.

Todo eso puede ayudar.

Pero hay una pregunta bastante más importante:

¿Se entiende de un vistazo qué tengo que hacer?

Si la respuesta es no, tenemos un problema.

El diseño debería ayudar a dirigir la mirada hacia la acción, no competir con ella.

Especialmente cuando nuestro objetivo es conseguir un clic.

No todas las newsletters tienen que ser cortas

Y aquí quiero hacer una aclaración.

No estoy diciendo:

“A partir de ahora todos los emails tienen que tener cuatro líneas.”

No.

Hay newsletters que están hechas para enseñar.

Otras para contar una historia.

Algunas para desarrollar una idea.

Y habrá personas encantadas de leerlas durante cinco minutos.

El problema aparece cuando tenemos una acción muy concreta y enterramos esa acción debajo de información que nadie necesitaba.

Si quieres contar una historia, cuéntala.

Pero si quieres que alguien pulse un botón…

no le hagas escalar una montaña para encontrarlo.

La prueba de los 10 segundos

Después de lo de hoy creo que voy a empezar a utilizar esta prueba bastante más.

Abre tu newsletter.

Mírala durante diez segundos.

Y ciérrala.

Ahora responde:

¿Sabías de qué iba?

¿Sabías qué te estaban ofreciendo?

¿Sabías qué tenías que hacer?

Si necesitas volver a abrirla para averiguarlo…

quizá haya demasiado.

Hoy me quedo con esto

Todavía habrá que ver cuántas de esas personas que han hecho clic terminan realizando la acción que buscamos.

Porque esa es otra historia.

Abrir no es hacer clic.

Y hacer clic tampoco significa convertir.

Pero la experiencia de hoy me vuelve a confirmar algo que intento aplicar cada vez más en marketing:

no compliques lo que puede explicarse de forma sencilla.

No necesitas demostrar todo lo que sabes en cada email.

No necesitas contar todo sobre tu producto.

No necesitas meter cinco mensajes en una newsletter.

A veces necesitas una sola cosa:

decidir qué quieres decir… y decirla.

Sin rodeos.

Si necesitas ordenar el mensaje de tus correos, aquí puedes ver cómo trabajo las newsletters para negocios.

FAQ SEO

Preguntas frecuentes sobre este tema

Resolvemos las dudas más habituales para que puedas aplicar esta información en tu negocio con más claridad.

¿Qué automatizaciones puede usar una PYME?

Puede usar emails de bienvenida, recordatorios, seguimiento de presupuestos, formularios conectados a CRM, respuestas automáticas y campañas de reactivación.

¿El email marketing sigue funcionando?

Sí. Funciona especialmente bien cuando la base de datos está bien segmentada y los correos aportan valor, ofertas relevantes o seguimiento personalizado.

¿Las automatizaciones sustituyen el trato humano?

No. Deben ayudar a ahorrar tiempo y mejorar seguimiento, pero el trato humano sigue siendo clave en negocios locales y servicios personalizados.

¿Por dónde empezar a automatizar?

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